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"El Corazón de la Iglesia"
 
La Escuela Sabática es el "Corazón de la Iglesia". En la Iglesia "La Concordia" de Barqusimeto la directiva está integrada de la siguiente manera:
 
Directora: Ana Yadira Caicedo.
Asociados: Carmen Sánchez de Gutiérrez, Yelice Cañizalez de Hernández, Iriana de Silva y Oswaldo Arturo Garrido.
Secretaria / Tesorera General: Xiomara Sánchez.
Secretarios (a): Francisco Virgüez, Patricia Rodríguez, Ana Luisa Briceño, Ana Carolina Briceño.
Directora de Canto: Virginia de Durán.
Sub. Director de Canto: Carlos Alberto Garrido.
 
La Escuela Sabática de la Iglesia "La Concordia" cuenta con 8 clases o unidades, distribuidas de la siguiente manera: 5 Clases de Adultos, 1 Clase de Visitas, 1 Clase de Jóvenes, 1 Clase Juvenil.
 


 

Los consejos de Elena G. de White sobre la Escuela Sabática

 

Los maestros de Escuela Sabática.

Las ventajas de un maestro pueden haber sido limitadas, puede ser que no posea cualidades literarias tan altas como él desearía; pero si tiene una verdadera percepción 69 de la naturaleza humana, y sabe apreciar la magnitud de su obra y la ama de veras; si está dispuesto a trabajar ferviente, humilde y perseverantemente, comprenderá las necesidades de sus alumnos, y con su espíritu lleno de simpatía ganará sus corazones y los conducirá hacia adelante y hacia arriba. Sus esfuerzos estarán tan bien dirigidos, que la escuela será un poder vivo y creciente para el bien, llena del espíritu del progreso real.

A fin de hacer la voluntad de Dios, tenemos que escudriñar su Palabra, para conocer su doctrina, y empeñar en ello toda la capacidad que nos ha sido confiada. Tenemos que ser diligentes en la oración, y fervientes en el servicio sencillo y sincero para Dios. Los que están ocupados como maestros en la escuela sabática deberían tener hambre y sed de la verdad divina, a fin de poder impartir el mismo espíritu a los que están bajo su cuidado, e inducir a sus alumnos a buscar la verdad como un tesoro escondido. No queremos que nuestras escuelas sabáticas sean dirigidas de una manera que haga hipócritas a los alumnos; porque los tales no pueden fomentar los intereses de la verdadera religión. Dedíquese, pues, más atención a buscar a Dios, para que el Espíritu del Señor esté en vuestra escuela, que a procurar tener toda la organización mecánica deseable. Las pretensiones jactanciosas de cualquier clase no convienen en la obra de la escuela sabática, y el funcionamiento mecánico de la 81 escuela es de poco valor si el Espíritu de Dios no enternece y amolda el corazón de los maestros y alumnos. ­ TES 83.

Escuelas sabáticas de grupos pequeños
En muchos lugares pueden formarse grupos de observadores del sábado. Frecuentemente no serán grupos grandes; pero no hay que desatenderlos; no hay que dejarlos morir por falta de debido esfuerzo personal e instrucción. No 206 debe abandonarse la obra prematuramente. Cuídese de que todos estén bien instruídos en la verdad, fundados en la fe e interesados en cada ramo de la obra, antes de dejarlos para ir a otro campo.


Se ha demostrado en el campo misionero, que cualquiera que sea el talento para predicar, si se desatiende el trabajo personal, si no se les enseña a los hermanos cómo trabajar, cómo dirigir reuniones, cómo cumplir su parte en la obra misionera, cómo alcanzar con éxito a la gente, la obra casi fracasará. En la escuela sabática hay también mucho que hacer en cuanto a dar a comprender a la gente su obligación, e inducirla a hacer su parte. Dios la llama a trabajar para él, y los pastores deberían dirigir sus esfuerzos. ­ TES 118.


 

Una experiencia de Elena G. de White.
El sábado de mañana [Marshalltown, Iowa, lugar del congreso, agosto 16 de 1884] un gran grupo se reunió para realizar la escuela sabática. Pronto se arreglaron las clases incluyendo a todos excepto unos pocos que escogieron sitios fuera de la carpa. Pero éstos no fueron abandonados a sí mismos; se escogieron maestros y se formaron dos o tres clases interesantes. Todos estaban tan ocupados como abejas, y por todas partes, en la carpa y fuera de ella se oía el murmullo de las voces. La escuela estaba bien dirigida y con orden y los ejercicios me resultaron muy interesantes.


Se me pidió que hablase durante unos treinta minutos, amonestándoles en contra de dejar que sus escuelas sabáticas degeneren y lleguen a ser una mera rutina mecánica. No deberíamos procura imitar a las escuelas dominicales, ni tratar de mantener el interés ofreciendo premios. El ofrecer premios creará rivalidad, envidia y celos; y algunos de los más diligentes y dignos recibirán poco crédito. Los alumnos no deberían tratar de ver cuántos versículos pueden aprender y recitar; porque esto causa una tensión demasiado grande para el niño ambicioso, mientras que los demás se desaniman.


No ensayéis ninguno de estos métodos en vuestras escuelas sabáticas; sino esfuércense los directores y maestros para tener vida e interés en sus escuelas. ¡Qué bendición sería, si todos enseñaran como enseñó Jesús! El no trató de ganar la atención por la elocuencia ni por una abrumadora grandeza de sentimiento. Por lo contrario, su lenguaje era claro, y expresaba sus pensamientos con la mayor sencillez; pero hablaba con amante fervor. En vuestra enseñanza sed tan semejantes a él como sea posible. Haced interesantes vuestros programas. Demuestren los maestros que han aprendido a fondo la lección y que están intensamente interesados en ella. No se hagan interpretaciones frívolas o superficiales de las Escrituras; antes esté cada cual preparado para ir al fondo del tema que se presenta. ­ TES 119, 120.