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Muestra fotográfica Programación especial del Ministerio de la Mujer, 21 de marzo 2009
 
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Consejos a las damas de la iglesia por Elena G. de White
 
La mujer cristiana es una dama. En sus labios está siempre la ley de la bondad. No pronuncia palabras apresuradas. El pronunciar palabras amables cuando estáis irritadas traerá la luz del sol a vuestro corazón y hará más suave vuestra senda. Cuando se le pidió a una escolar que diera una definición de la humildad, dijo: "Humildes son aquellos que dan respuestas suaves a las preguntas ásperas". Cristo dice: "Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad". Serán los súbditos adecuados del reino de los cielos, porque están dispuestos a ser enseñados (Review and Herald, 7-4-1904).

Cada mujer debiera desarrollar una mente bien equilibrada y un carácter puro, que refleje únicamente lo verdadero, lo bueno y lo bello. La esposa y madre puede unir a su corazón a su esposo e hijos mediante un amor inmutable, demostrado con palabras amables y un comportamiento cortés. La amabilidad es barata, pero tiene poder para suavizar las naturalezas que se volverían duras y ásperas sin ella. La amabilidad cristiana debiera reinar en cada hogar. El cultivo de una cortesía uniforme, una disposición de hacer a otros lo que quisiéramos que ellos nos hicieran, alejaría la mitad de los males de la vida (Signs of the Times, 15-8-1906).

Jesús, el amigo divino de la madre
Vuestro compasivo Redentor os observa con amor y simpatía, listo para oír vuestras oraciones y prestaros la ayuda que necesitáis. Conoce las cargas que pesan sobre el corazón de cada madre y es su mejor amigo en toda emergencia. Sus brazos eternos sostienen a la madre fiel y temerosa de Dios.

Cuando estuvo en la tierra tuvo una madre que luchó con la pobreza y sufrió muchas ansiedades y perplejidades, así que él simpatiza con toda madre cristiana en sus congojas y ansiedades. Aquel Salvador que emprendió un largo viaje con el propósito de aliviar el corazón ansioso de una mujer cuya hija era poseída de un mal espíritu, oirá las oraciones de la madre y bendecirá a sus hijos.

El que devolvió a la viuda su único hijo cuando era llevado a la sepultura se conmueve hoy ante la desgracia de la madre enlutada. El que derramó lágrimas de simpatía ante la tumba de Lázaro y devolvió a Marta y María su hermano sepultado; el que perdonó a María Magdalena; el que recordó a su madre mientras pendía de la cruz en su agonía; el que se apareció a las mujeres que lloraban y las hizo mensajeras suyas para difundir las primeras y gratas noticias de un Salvador resucitado, es hoy el mejor Amigo de la mujer y está dispuesto a ayudarle en todas las relaciones de la vida.

No hay obra que pueda igualarse a la de la madre cristiana. Esta asume su obra con el sentido de lo que significa criar a sois hijos en la disciplina y admonición del Señor. ¡Cuán a menudo le parecerá su carga más pesada de lo que puede llevar; y cuán precioso será entonces el privilegio de llevarlo todo en oración al Salvador que simpatiza con ella! Puede echar su carga a sus pies y hallar en su presencia una fuerza que la sostendrá 63 y le dará aliento, esperanza, valor y sabiduría en las horas más penosas. ¡Cuán dulce es para la madre agobiada saber que tiene un amigo tal en todas sus dificultades! Si las madres fueran a Cristo con más frecuencia y confiaran más plenamente en él, sus cargas serían más ligeras, y hallarían descanso para sus almas.